Qué meter en la mochila para el Camino
Elige bien tu mochila
Lo primero es la mochila en sí. Busca una de entre 35 y 45 litros con buen soporte lumbar y tirantes acolchados. Pruébala con peso antes de comprarla: lo que es cómodo en la tienda vacía puede convertirse en tortura tras 25 km cargada. El peso total no debería superar el 10% de tu peso corporal.
Invierte en una buena funda impermeable. La lluvia puede aparecer cualquier día, especialmente en Galicia, y no hay nada peor que llegar al albergue con toda la ropa empapada.
Ropa: la regla de las tres capas
Aplica el sistema de capas: una camiseta técnica transpirable como base, un forro polar o softshell como capa media, y un chubasquero ligero como capa exterior. Lleva dos o tres mudas de ropa interior técnica, dos pares de calcetines de trekking (los de lana merina son imbatibles) y un pantalón convertible largo/corto. No caigas en la tentación de llevar ropa "por si acaso": cada gramo cuenta cuando caminas 8 horas al día.
Calzado: lo más importante
Tus botas o zapatillas de trekking deben estar perfectamente domadas antes de salir. Nunca estrenes calzado en el Camino. Muchos peregrinos prefieren zapatillas de trail running por su ligereza, pero si tienes tobillos débiles, unas botas de media caña te darán mejor sujeción. Lleva también unas sandalias ligeras para los albergues.